No sé si los líquidos inmiscibles vertidos sobre la gran Megalópolis acabarán por mezclarse algún día en disolución homogénea. Emanan temerosos de entre las casas vestidos con sus ropajes de habitantes interraciales tiñendo sus almas de falsos estándares. Pero las calles miran hacia los grises acerados con la vista esquiva, dejan que líquidos fluyan por sus torsos asfaltados sabiendo que no pasarán de una injusta e interesada emulsión jerarquizada.El triste futuro está en los campos verdes y amarillos, allí donde los hombres fluyen separados en sus coordenadas aisladas.
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