miércoles, 6 de diciembre de 2006

El Conmutador Principal


Justo cuando iba a apretar el botón que ya finalmente acabaría con la existencia de la humanidad por orden gubernamental 387/04, con el auspicio del consejo general de la Organización Transoceánica de Naciones,
mientras rozaba mi dedo índice la tecla que brillaba en el panel de mando “Hitachi F-2500” - de fabricación japonesa - ,
te acercaste a mí, me agarraste la otra mano con las tuyas, muy suaves,
y llevándotelas hacia los labios, la besaste.
Solté el botón y acaricié tu cuello, fino y esbelto,
ya besándonos por todo el cuerpo tuve la ocurrencia de apoyarte justo sobre la mesa donde se hallaba el conmutador principal, azul iluminado,
y, casualidades, en el septuagésimo noveno beso, el interruptor se accionó.
Una luz centelleante entró por la ventana descerrajándonos en partículas elementales,
y todo terminó.

Briznas inconexas que flotan en el viento aún caliente por la gran devastación. Trizas que pululan por el aire chocándose… Y así, de unos cuantos besos surgieron, millones de colisiones, y de ninguna palabra nació una historia.
A veces todos los caminos conducen a ninguna parte.

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